(Aurelio Herlein)
Entre negar y renegar
hay un paso, como
entre vertir y revertir.
Hay pasos que pueden omitirse
para ganar tiempo: El tiempo
ganado puede reinvertirse como
renegociarse. Siempre negociamos
con el tiempo: Invertir es una forma
de negociar, podemos repetir.
Si no fuera negociable, el tiempo
no tendría el valor que le conocemos:
su utilidad quedaría reducida al valor
de uso, tan acotado como subjetivo:
Un bien no transable, sin perspectivas.
Hay valores positivos y negativos,
podemos afirmar, gracias al intercambio.
Las emisiones que no tributan a alguna
forma de intercambio, no producen
utilidad, ni evolución, permaneciendo
indiferentes a la evolución del tiempo.
Hay pasos que pueden omitirse
para ganar tiempo: somos libres
de omitirlos y ganar y reinvertir
el tiempo ganado a voluntad.
De hecho, lo que llamamos voluntad
no es más que una forma de inversion.
Siempre hay alguien invirtiendo
para que hagamos una cosa, y no otra.
La voluntad propia es el resultado
de una suma de inversiones articuladas.
¿Existe la voluntad propia?
Podemos aceptar o rechazar, afirmar
o negar: Hay pasos que pueden omitirse.
Pero no podemos renegar de la omisión.
Las omisiones pasadas no se pueden
arrancar, ni ocultar.
La comisión de una omisión podría ser un
error no forzado, pero no es verdadero error,
salvo que se repita en el tiempo y se vuelva
inocultable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario