viernes, 9 de septiembre de 2022

Polvos mágicos

 (Remigio Remington)


Una mata de polvo

no identificado

podría distraer el curso

de la Historia, dar lugar

a falsas interpretaciones

de la realidad, inducir al

equívoco del observador

pasivo o al error no forzado.


El polvo interestelar está

por todos lados, Estela,

hasta en nuestros intersticios

más íntimos y opinables.


El observador imaginario,

por opción u omisión no anda

escrutando polvos propios o

ajenos; no se detiene en una mata

ni en superficies engañosas:


Sabe que hay otras formas

de matar el tiempo, antes de ser

polvo y gozar sus propiedades.


El polvo no se mata.

Estamos hechos del mismo material

que las estrellas: polvo.


Ellas colapsan, nosotros descendemos

de la descomposición y dividimos el

tiempo y el trabajo para producir

sentido.


Más el polvo no muere, no lo mata

la humedad ni los malos hábitos,

como sacudir el polvo (el polvo no

puede enajenarse)


El polvo no se mata ni remata,

si una mota muta en mata, no

hay nada que hacer:  el polvo

es soberano.


La Historia del polvo

merece más respeto que cualquier otra.

Él estaba cuando no había nada, y

seguirá estando cuando no queden

rastros de nuestras cenizas.


Como sujeto, el polvo

es el más insignificante,

pero como significante es casi infinito:


Está en todas partes, y una partícula

de polvo contiene todo el misterio

del universo.

jueves, 8 de septiembre de 2022

etcétera

 

(Ricardo Mansoler)

 

Remontar vuelo, es extraño

para animales terrestres, sean bípedos,

cuadrúpedos, octópodos, etcétera.


(El etcétera incluye a los ápodos, como

el gasterópodo y los anélidos todos)


Etcétera tiene un peso entre las palabras

que circulan, vuelan, nadan o se arrastran.


Es una de las más precisas y pesadas,

pero pesa poco en relación a todo lo que

contiene: casi todo; basta verla u oírla

para que aparezca un mar de posibilidades

infinitas, o casi.


Todo, nada o infinito son más vagas

por ser más pretenciosas. Son palabras

cerradas en sí mismas, con su carga

taxativa de absoluto:


Todo es todo y nada es nada,

opuestos que se atraen para producir

el mismo sentido, sin matices ni

ambigüedades: Son lo mismo, apenas

con un cambio de signo.


Infinito, en cambio, es incierto

por ser excesivo para nuestra condición

efímera. Nunca sabremos si existe algo

infinito, más allá de las abstracciones

matemáticas.

 

II

Por el contrario etcétera tiene otro misterio,

que cada uno entabla según su propia

subjetividad inapropiable e irreproducible,

es decir, su relación particular con el lenguaje.


No sé lo que piensa el otro cuando escribo

etcétera. Eso me excede como emisor, tal

como ocurre con la metáfora:



No sabemos cuál es el juego asociativo

de sentidos y relaciones que cursa el

interlocutor que oye o lee.


Todo es válido, porque no hay un valor

establecido; lo ambiguo ofrece esa libertad

única al inaugurar el reino de lo posible,

que excede la condición del emisor:


(Cuando leo un poema, lo leo como puedo

y como quiero, desde mi propia disposición

subjetiva y objetiva. Nadie puede venir a

decir: yo no dije tal cosa, o dije otra, o ésto

debe leerse así)

 

III

¿Puede haber excesos? ¿Vivimos en exceso?


La pregunta no es válida: Vivimos de excesos,

no habría discurso poético sin ellos, sin eso

que nos excede, Etcétera.


Remontar el vuelo de una metáfora

no es menos extraño que esta palabra:

remontar, montada en la repetición

que expresa el prefijo.


No es volar, ni hacer volar, sino hacer

que algo vuelva a su altura anterior:

anterior a la metáfora, a la palabra

como metáfora, y a todos los discursos

que circulan, vuelan o se arrastran

con o sin metáfora.


Recuperar altura; los animales terrestres

venimos descendiendo desde tiempos

remotos, no sabemos con precisión

de quién o de qué, pero nos sabemos

descendientes y procuramos dejar

alguna desendencia, remontando el

vuelo de la repetición, para que otros

intenten recuperar la altura perdida.


No es mucho lo que podemos remontar

pero repitiendo no se pierde nada,

etcétera.


miércoles, 7 de septiembre de 2022

Justicia poética: nuevas aplicaciones

 

(Carlos Inquilino)

 

Este es un poema nuevo,

todavía no es un poema,

podría no serlo nunca:

No sabemos, nos estamos

conociendo.


En su defecto, podría ser

desclasificado y bajado de

catálogo hasta que pueda

presentar pruebas aceptables.


El presente es todo lo que hay

en el poema, e incluso fuera de él.


Agotados los plazos, podría

pedir un amparo y ampliar su

declaración en busca de mejor

fortuna o de un juicio justo:


Es difícil obtener un juicio justo.


II

En su defecto, podría buscar un

argumento que sirviera de atenuante.

Hay poemas tenues, profundos y

dudosos:


Podría acogerse al beneficio de la

duda, y esperar a que escampe.


Hay poemas que son solo un

pretexto del autor para poder

dudar en tiempo y forma

o en su defecto, prolongar su

condición dudosa.


No hay suficiente prueba

de que algo sea o no poema.

Podría ser otra cosa, con apariencia

engañosa: Hay bastante evidencia

de que pocas cosas son lo que parecen.



III

Este nuevo poema, que ya no lo es

tanto, no es muy distinto de otros

(que tal vez tampoco sean poemas)

Pero viene a sumar.


La confusión suele rondar en torno

a los poemas que vacilan,

en un sentido tenue o profundo.


El poema no debería sumar confusión;

hay suficiente, dentro y fuera de los

poemas.


Los poemas aceptables no vacilan,

siempre llegan a destino. El buen

sentido asegura un destino aceptable.


Cada poema es artífice de su destino,

ninguno escapa, aunque permanezca

indiferente.

 

IV

Todo poema es único, aunque no sea

del todo poema o no reúna los

requisitos necesarios para ser aceptado

como tal: Saberse único puede significar

una ventaja, un desafío, una suerte y una

suerte de alivio para el lector.


Los hijos únicos tienen sus bemoles,

son caprichosos y viven en conflicto

con su condición no elegida.


Este poema seminuevo, ahora vacila:

Podría no ser lo que parece, o algo

peor, sospecha.


Podría incorporar un cuerpo: un animal,

un pájaro, una rata o un bacilo amigable

y cobrar vida por carácter transitivo,

como es común entre nosotros.


¿Hasta qué punto un cuerpo se define

por lo que contiene?


No sabemos, nos estamos conociendo:

El cuerpo del poema vacila

antes de producir otro anticuerpo.






martes, 6 de septiembre de 2022

La palabra irrelevante

 

(Amílcar Ámbanos)

 

La palabra irrelevante

circula sin dificultad.


Hay que aprender a elaborar

un buen discurso irrelevante

para cosechar adhesiones.


Todos necesitamos adherir

a algo, somos solidarios con

la naturaleza adhesiva, y si

además es agresiva, mejor.


El perfil de una personalidad

agresiva y penetrante, siempre

despierta interés y recibe adhesiones:

Somos adherentes y busamos líderes.


Necesitamos adherir a algo

para no asumir la soledad ontológica.


No está solo quien adhiere,

y no estará solo quien adhiera

a esta consigna.



II

La palabra irrelevante es una oportunidad:

somos seres sociales por naturaleza, sólo

necesitamos oportunidades para desarrollar.


Somos sociales, banales, oportunistas y

profundamente irrelevantes.


La palabra irrelevante, tiene mucho por

revelarnos: Si la observamos con empatía

podemos integrarnos, disfrutar el viaje

compartido y acceder a todo tipo de

sensaciones autoadhesivas, más o menos

irrelevantes.


Entablar relaciones irrelevantes

es lo más seguro: Nadie pierde nada

(no hay mucho que perder)


Yo fracasé como aspirante,

pero me uní a un colectivo

de aspirantes fracasados

donde gozamos compartiendo

con éxito nuestros poemas

irrelevantes.


domingo, 4 de septiembre de 2022

Anémonas marinas

 

(Ricardo Mansoler)

 

Inane o no,

el cuerpo de la anémona

sostiene su unánime unidad.


Inmóvil o no,

es preferible evitar su contacto.


La diferencia entre seres

animados o no, es sutil

y a menudo imperceptible.

Pero es mejor ser cauto, no

exponerse.


Invertebrados o no,

animales anómalos abundan

dentro y fuera de su hábitat,

que es parte del nuestro.


Cada uno se defiende como puede,

la Naturaleza expresa una diversidad

de formas, manifiestas o no.


Nosotros conocemos algunas,

y también, que la mejor defensa

es un buen ataque.


La hormona del amor

 

(Tomás Mercante) 


La hormona del amor

puede mejorar la calidad de vida

de cualquier hermana o hermano

(las hormonas nos hermanan a todos 

los mortales)



Yo tengo tantas hormonas

que no las puedo contar…


Amortajado el amor, la vida

puede prolongarse en otros

sentidos (sentido sirve como

sustantivo, participio pasado

o adjetivo apto para casi todo:

 

en el mundo sensible, todos

podemos sentir todo. El sentido

goza de muchas funciones,

hay palabras que tienen más

funciones que sentidos)


Pero el amor, es capaz de dar

sentido a todo destino, hasta al

más insignificante y miserable.


Hay que darse al amor:

 

En rigor, no hay mucho que saber

para acceder a sus beneficios, basta

disponer de sus hormonas y saber

amar sin rigideces, como cualquier

caracol.



II

Hay amores agudos, fugaces, graves,

espontáneos, efímeros y esdrújulos.

Amores imposibles pueden prosperar

bajo el cultivo de glándulas secretas.


Yo tengo tantas hormonas

que no las puedo contar…


La hormona del amor, puede elevar

la calidad de vida de cualquier mortal,

aunque no evita las arrugas naturales

al envejecimiento. Para eso, es mejor

la baba de caracol.


Pero el amor vence, sea agudo, grave,

efímero o esdrújulo: Luego se agusana,

como es natural.


La naturaleza del amor es tan diversa

como desconocida, nadie sabe qué es,

para qué sirve, como la poesía.


No es necesario saber: La hormona del amor

puede hacer maravillas y está al alcance de

cualquier mortal.


Hay disponibilidad suficiente en el mercado.


viernes, 2 de septiembre de 2022

Los poemas nacen de un repollo

 

(Asensio Escalante)

 

Era un repollo colorado,

me gustaba serlo, no estaba mal;

pero veía como otros crecían,

ramificaban, se elevaban hacia

el cielo.


Fui un limonero y disfruté mis

flores, y la visita de abejas, pájaros.

Me cansé de dar frutos, pero veía

que había otros de mayor altura.


Después fui acacia, palmera, araucaria,

paraíso y llegué a magnolia, árbol

magnífico: mis flores eran la envidia

de todos.


Disfruté como árbol, del sol, la lluvia

y de cobijar tantos nidos de pájaros

amigos que iban y venían.


Quise ser ave y gozar la libertad del

vuelo, elevarme y contemplar el mundo

desde arriba. Lo fui, lo disfruté, aunque

había que tener ciertos cuidados: podía

ser presa de otros, más grandes y fuertes.


Después fui un mísero ratón y aunque el

peligro subsistía, seguí ascendiendo en mi

carrera de mamífero: Una rata imponente,

un gato soberano que cazaba, y otras formas

animadas que siempre tenían a alguien de

quien cuidarse.


Pero me elevaba, mi carrera ascendente

no podía detenerse. Había un mamífero

superior, más poderoso que todos, que

no tenía predadores y era capaz de todo,

hasta de cambiar el mundo.


No sé si lo hicimos, o si fue en el sentido

conveniente. Ahora soy este animal que

no sabe a que aspirar y se arrepolla,

mirando este repollo colorado, comprado

en una verdulería.


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