domingo, 18 de septiembre de 2022

Botellas de mar

 

(Ricardo Mansoler)

 

Hay quienes atesoran recuerdos

de sus aventuras de juventud:


una hoja seca, una piedra tallada

por el mar, un caracol -sus restos-

o el esbozo de un poema abandonado

dentro de un libro varias veces no

leído.


Cada cual tiene algo que atesorar,

aunque lo olvide: es natural a la

posesión de una memoria superior

que nos diferencia de los otros animales.


La conciencia fluye, es dinámica,

reconoce y se reconoce a sí misma

en función de la memoria histórica.


La historia determina lo que cada uno

emite o incorpora, y lo que es posible

atesorar.



II

Cada sujeto es único, pero no está solo:

contiene otros, más jóvenes o viejos,

con quienes debe convivir.


Este poema contiene otros, como

cualquier otro.



La diferencia entre el individuo caracol

y yo, es mi condición de sujeto

de la que no podría escapar.


El sujeto emite e incorpora

a voluntad: elige entre objetos,

palabras y sujetos.


Puedo escribir como podría no hacerlo,

podría abandonar este poema y probar

con otro. Podría, incluso, desdecirme:


Puedo emitir más de lo que sé;

el caracol sólo emite baba y excremento,

como cualquier poema.



III

Hay quien atesora agua marina

en una botella, como recuerdo.

Poseer un poco de mar no está mal:


El goce de esta propiedad no afecta

a terceros, ni incide en el volumen

oceánico (para esa inmensa masa

líquida todas nuestras propiedades

y goces son insignificantes)


El animal humano, devenido sujeto,

sabe que es poco lo que puede gozar

por fuera del sentimiento de propiedad.


El hombre, es esa botella que atesora

y contiene un mar de experiencias

humanas que supo atesorar.


Es posible, que el hombre

vuelva al mar y lleve su botella,

para que recuerde sus orígenes

y acaso renovar su contenido:


El mar nunca es el mismo.



viernes, 16 de septiembre de 2022

La verba inflamada

 

(Esther Miño)

 

La verba inflamada

yérguese,

erizando el paisaje nativo

de acá a la luna.


La verba inflamada,

erecta como hache pronunciada

desafiando la verticalidad del

humo humano.


La verba inflamada

se muestra irreductible

a los estímulos auténticos.


En llamas, se desentiende

de la noche y su prefijo

y de la boca desdentada

que la emite, enajenándola.


Unimembre, se subleva

ante la simetría divina

pronunciándose en su contra,

indiferente a los desmembramientos

del paisaje en plena combustión.


No respeta a los dioses desencarnados,

descarnados o crecidos a orillas

de las escombreras. Tampoco respeta

sus señales de tránsito, que a semejanza

de ellos, están de paso.


La verba inflamada no vacila

ni se retrotrae a un estado anterior:

no contempla un estado al que

haya que volver.


Es ella, sólo ella,

miembra y única.


miércoles, 14 de septiembre de 2022

Otro fragmento único

 

(Luis Espejo)

 

No alcanza con ser único,

hay que diferenciarse

de los que no lo son:


Para ser diferente

hay que ser distinto.


Una infinidad de unidades

transcurren en el espacio

infinito, o no: su número

nos excede todo el tiempo.


(La búsqueda de la unidad

altamente diferenciada, puede

ser una aventura única en su

género, sólo hasta cierto punto:

-hay infinitos puntos- Luego,

hay un punto de no retorno)


No basta con saberse único,

casi todos lo somos.


No alcanza con ser único:

hay que repetirlo

hasta volverse inigualable.


Los ritmos inaudibles

 

(Ricardo Mansoler)

 

Perdí el decibelímetro en el mar:

en los primeros segundos de un

naufragio se improvisa, sin

otra referencia.


Después ya no, siempre hay

un margen para salir a flote,

pero casi todo se pierde:


No es mucho lo que puede

salvarse en un naufragio,

tal vez la vida sea bastante.


Después perdí el metrónomo:

-o tal vez antes-


Podría haberlo salvado, pesa poco,

más había que resignarse

y mantenerse a flote, era lo

primordial:


Quien flota no está muerto. El resto

puede hundirse en lo que sea

que le espere en el fondo del mar.


No hace falta hilar muy fino

ni afinar con nadie.


Ahora sentía que perdía el ritmo,

pero sin ninguna culpa; mi

compromiso era sólo pragmático.


Si algo sobra en el océano humano

son los ritmos perdidos, pienso,

mientras inauguro en el agua un

compás de espera.


domingo, 11 de septiembre de 2022

Funciones del amor

 

(Aquino Lamas)

 

Ama tus funciones como a ti mismo.

Las conocidas y las otras,

sin discriminar: Todas te necesitan,

es más, se necesitan entre sí y son

todas necesarias según la ocasión


(la ocasión no hace a la función)


Ama tus funciones, no las desconozcas.

Reconócete en ellas y su diversidad.

Reconócete en ellas y su diversidad.

Ellas se repiten por ti, para ti.


Todas tienen algo valioso para darte,

no las invisibilices ni categorices.


Ama tus funciones, sus ciclos y secuencias

repetibles: ama su ritmo y pitagoriza tus

contradicciones, funcionales o no.


No preguntes qué hacen por tí, más bien

pregúntate qué puedes hacer por ellas,

que seguirán haciendo lo suyo aunque

las ignores.


No las evalúes ni las califiques,

el amor no distingue ni separa:

el amor une y es ajeno a guarismos

y valores.


Tus funciones tienen mucho que decirte

de la vida, como de la muerte y el amor:


El amor no es más que una correcta

disposición de las funciones hormonales

gestionadas con eficiencia e idoneidad.

El resto es poesía.


No soslayes la importancia de la función

poética en la producción de tu discurso

metabólico, en la práctica teórica y sus

vínculos profundos y ontológicos.


Sólo se ama lo que no se conoce.

Con el conocimiento todo declina, pero

no podemos privarnos de la aventura

del conocimiento: Conocemos la

declinación hasta sus últimas consecuencias.


Ama tus funciones como a tí mismo.

Amar es dar y recibir, incorporar y emitir,

aprovechar y descartar:


Ningún metabolismo puede permanecer

indiferente a estos movimientos del amor.


Ama tus funciones: Quien no lo hace

termina siendo funcional a otras.


No desprecies este mensaje de amor,

estas palabras cuyo sentido profundo

podría no tener ningún valor:

Tampoco el amor lo tiene.


El arte de amar tiene sus beneficios.

Ama tus funciones como a tí mismo,

desde tu propio borborigmo.


No preguntes cuantas son,

funciona.



El repartidor ambulante

 

(Éxtimo Cernadas)

 

El repartidor volvió a pasar,

dicen que volverá a partir

para volver a ser repatriado

 

a partir de nuevas nociones

de naciones y patrias que

marcarán tendencia.


No creas en todo lo que dicen

ni en los sujetos tácitos.

Todo vuelve, pero nada vuelve

a ser lo que era.


Esta información podría ser falsa,

aunque no alteraría las condiciones

de desarrollo de otras falacias, ni

afectaría la propiedad distributiva.


¿Estamos repartiendo las culpas

en un sentido justo y soberano?


 


sábado, 10 de septiembre de 2022

Un hombre de palabra

 

(Luis Espejo)

 

Dejé de dirigirme la palabra,

consensué

y acepté que era una buena

decisión, quizá la mejor, no sé:


no es fácil producir buenas

decisiones, evitar el error

no forzado y liderar con empatía

la producción de sentido propio.


No tenía mucho que decirme,

me estaba repitiendo,

y las palabras circulan

en cualquier dirección y suelen

adoptar sentidos sospechosos,


son ambiguas, sirven para todo

y nos pueden llevar a cualquier

parte: son emisiones engañosas

con su carga positiva y negativa


¿no?


El lenguaje es una trampa,

me repetí antes de retirarme

la palabra (mirá todo lo que

podés decir sin decir nada…)


La lengua nos divide

en todos los idiomas,

me dijo una amiga bilingüe.


Estamos formateados por

las cláusulas del lenguaje,

pelotudo: me dije apelando

al exabrupto con un sentido

positivo.


El sistema del lenguaje, como

todos, se basa en la repetición

y en el equívoco y en replicar

esta fórmula que nos reproduce,

infeliz.


Y en esos términos precisos

acordé el consenso necesario

para dejar de dirigirme la

palabra.


Toda palabra es ambigua, imprecisa:

yo siempre fui un hombre de palabra,

de una sola palabra.


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