lunes, 6 de mayo de 2024

Poema sin valor comercial

 

(Carlos Inquilino)

 

Aumentó el precio de la carne.

Aceptamos que es algo natural:

la carne es parte de nuestros

recursos naturales.


Procedemos del comercio

de la carne, un denominador común:

Sólo eso nos iguala, después

todos somos únicos.


Podemos reproducirnos, pero no

repetirnos:

Todas nuestras reproducciones

son parciales como réplicas.


A la sazón, somos unidades

intercambiables y nos une

la pertenencia a un lugar común,

un orden superior:


La Biomasa Madre.


Intercambiamos experiencias, objetos,

valores, tiempo y poco más.

Reconocemos un valor a cada objeto

y en cada sujeto.


Aunque mantenemos profundas diferencias

sobre el contenido de esa palabra -valor-

tal vez con más funciones que sentidos.


Sin embargo funciona, y nos permite

funcionar con normalidad como valor

de cambio.


Somos funcionales al intercambio,

activo o pasivo: Procedemos del

comercio y tributamos a un metabolismo

particular, que define nuestro comercio

con el mundo y sus sentidos.


(Hay comercios más y menos gozosos)


El resto es metáfora, material de intercambio

que circula en un sentido u otro, productos

residuales de quienes gozamos del comercio

de la palabra.


Todas nuestras propiedades están vinculadas

al comercio: Lo único propio y no negociable

que atesoramos como sujetos, está dado por

el intercambio.

Necesitamos incorporar, para poder emitir.

Sin intercambio no hay vida.


Somos este negocio, el resto va y viene:



 


domingo, 5 de mayo de 2024

El hombre invisible asume la defensa de su imagen pública

 

(Absinia Bending)

 

No tengo nada que ocultar,

soy lo que se ve,

dijo el hombre invisible.


En realidad, yo no me autopercibo

invisible: Sólo soy transparente,

es la única evidencia que puedo

aportar, y es irrefutable.


Los que no aceptan la transparencia

me tachan de invisible: El prefijo

negativo, habla más de su propia

incapacidad que de mi falta

de presencia material o real.


¿Qué es lo real?


No tengo autoridad en la materia

y carezco de atributos filosóficos,

me reconozco humilde: La verdad

está a la vista.


Sólo los necios la rechazan, no pueden

aceptar la transparencia y llenan ese

hueco con palabras.


¿Cuánto hay de materia en las palabras?


Las palabras son para ocultar, y yo no

tengo nada que ocultar: Soy lo que se ve,

y lo que no se ve.


Pero el no, está en el observador, y ante

eso permanezco ajeno, no puedo hacer

otra cosa:


No tengo negativo, no contengo un lado

oscuro ni medio alguno para negar nada.


Sólo tengo esta transparencia, que a muchos

incomoda. Ante las palabras de los necios,

sólo opongo la evidencia:


Es lo que se ve, aunque algunos no lo vean.

Una imagen vale más que mil palabras.


sábado, 4 de mayo de 2024

El amor a la tierra

 

(Epifanio Weber)

 

Creo que son felices mis lombrices.

Lo sospecho, aunque no tengo la

certeza.


Una vez escribí un poema

con lombrices californianas, pero

no lo vi más. Se lo habrá tragado

la tierra, o bien se volvieron

a California: el terruño tira, siempre

se vuelve al pago como al primer amor.


A las lombrices las atrae la tierra

y suelen ser correspondidas.

Hay una necesidad recíproca, como

en el amor.


Yo les tengo algún afecto, no sé si es

amor pero es algo parecido.

Me encargo de que no les falte alimento

(cáscaras, restos de nuestra comida,

frutas que se pudren, yerba, café: todos

esos desechos que cualquier humano

produce a diario)


No sé hasta qué punto lo aprecian y son

capaces de retribuir el sentimiento. No es

muy distinto del amor.


Aunque lo mío no es del todo desinteresado:

A cambio de esa basura, ellas producen

humus y con su trabajo, transforman eso

en un buen abono.


Bueno, el amor es intercambio; damos para

recibir, algo que las lombrices no tienen

por qué saber: son criaturas elementales

¿Qué pueden entender del amor?


Yo creo que son felices, dentro de sus

posibilidades de lombrices. Viven tranquilas,

sin sobresaltos, salvo cuando les llevo su

comida: Al cavar el compost, siempre mueren

algunas, algo inevitable; cuando lo veo, el daño

ya está hecho y cada vez veo menos.


Son accidentes naturales, daños colaterales.

Sabemos que la vida, como el amor, producen

víctimas.


viernes, 3 de mayo de 2024

Sueños engañosos

 

(Germán Singerman) 


Soñé que se me caía un diente.

No dudé en recordar aquel axioma

de la sabiduría popular:


Caída de diente, muerte de pariente,

aprendido de una película vista hace

tantos años: Macunaima.


Temí, aunque pronto entendí

que no era el caso: No estaba solo

al avanzar la imagen; así fue la

secuencia:


Sentí algo extraño en la boca, duro

y no degradable. Al emitirlo, ví

que era un diente que había pasado

a mejor vida; luego otro, y otro:


Eran tres, bastante parecidos;

trabajados por el tiempo y acusando

las huellas de un uso opinable.


Ahí me tranquilicé: Si bien se parecían,

no podían ser míos esos dientes. Tenía

que ser un sueño, yo no tengo tantos.

jueves, 2 de mayo de 2024

Suerte y verdad

 

(Tomás Lovano)

 

La suerte nos pone a prueba

a cada paso:


Aún cuando elegimos el estado

de reposo. No sé si lo elegimos,

pero hay que probar suerte.


Vivir es elegir:  es todo lo que hay

que saber, a menos que seas un

elegido, me dijo un candidato a

algo en una ocasión.


Recogemos adhesiones

para que nos pongan a prueba.

A veces, aprobamos con lo justo.


Pero lo justo nunca es idéntico;

dependemos de la suerte: las

condiciones cambian y se ajustan.


Apostamos, entre suerte y verdad

preferimos la suerte: Un golpe de

suerte es mejor que enfrentar una

verdad, y golpearse.


La suerte es ambigua, impredecible

y siempre se puede volver a barajar

y dar de nuevo.


Volver a barajar no es ocioso,

es un trabajo a repetir: Todos los

trabajos son a repetición, esa es

su esencia; y barajar no es lo más

trabajoso entre lo que se puede

elegir.


Hay que trabajar la baraja

para que la suerte cambie y no

se repita:


Trabarajar, baratrabarajar, trabar

sentido con las trampas que esconde

la baraja:


Quien no trabaja no puede esperar

nada. La suerte no descansa ni está

echada, la verdad tampoco.


Hay que volver a barajar hasta

que se alíneen los planetas:


Ellos tienen sus órbitas, su único

trabajo es repetirlas. Nosotros, por el

contrario, estamos sujetos a esta suerte

que nos pone a prueba a cada giro.


Estamos de paso, estamos a prueba.

Podemos barajar y dar de nuevo

con distinta fortuna, salvo que uno sea

un elegido:


Ésto podría resultar excitante, acaso

más que cualquier otra verdad.


Dependemos de la suerte, pero hay

que ayudarla y trabajarla:


Trabaja tu baraja con esmero,

sin doblegarte y tendrás tu recompensa:


Sólo el trabajo dignifica, siempre 

que sea un trabajo digno  (una cuestión 

de suerte)



El hombre genérico

 

(Aparicio Custom)

 

El hombre sabe estar equivocado,

en sentido genérico del verbo hombre.


Pero hay hombres que rara vez

se equivocan al interpretar el mundo

de los hombres.


No son muchos, apenas un grupo

marginal de hombres específicos

con nombre propio.


No hace falta citarlos, podría incurrir

en algún error: Solemos equivocarnos

con los nombres.


Pero no nos equivocamos en sentido

genérico al afirmar que, esos hombres

son precisamente los más denostados

y combatidos por el hombre genérico:


Siempre necesitó enemigos, para poder

combatirlos y afirmarse en el error.





miércoles, 1 de mayo de 2024

El camino a la unidad

 

(Remigio Remington)

 

El camino hacia la repetición

estaba atestado, en un sentido

como en otro.


Hubo que resignarse

y volver con las manos vacías.


Habrá que resignarse

y volver en otra ocasión:


Hay que volver a resignarse,

las ocasiones se repiten

como las oraciones.


Hay signos positivos y negativos

en cantidad suficiente, para leer

lo que vendrá:


El futuro está en camino, como siempre.

Habrá que resignarse a maniobrar entre

cadáveres repitiendo el mismo verso:


Los versos son oraciones que pueden

repetirse con algún éxito   (el éxito no

es ajeno a la repetición)


Los signos se repiten.

Observemos el éxito ajeno

con moderación: Hay que resignarse.


La resignación va y viene.

También se hace camino al repetir:

Estamos en camino.


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