sábado, 23 de mayo de 2026

El que calla otorga

 

(Epifanio Weber)

 

Somos esclavos de nuestras palabras.

Aristóteles no se privaba del uso

de la palabra, eran otros tiempos:


Estaba todo por hacer y había mucho

para decir, no como ahora


¿Qué se puede decir, que no haya sido

dicho, probablemente mejor de lo que

podríamos hacerlo?


No hay que generalizar: es una forma

de reducir y todo reduccionismo en

engañoso.


Aristóteles no hablaba por hablar,

antes de emitir estos enunciados,

pensaba y calibraba el sentido

de cada palabra.


Solemos tomar la segunda parte,

pero la frase es:


Somos dueños de nuestros siencios

y esclavos de nuestras palabras.


La práctica reductiva es común

a todos los sistemas de comunicación

humana, como recurso económico.


¿Pero por qué omitimos el silencio?


Si profundizamos en el sentido

del aforismo escolástico, el silencio

nos haría libres, aunque a un precio

que nadie quisiera pagar.


Preferimos la esclavitud,

que ya la conocemos y siempre

funcionó.

 

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