miércoles, 12 de agosto de 2026

Ahora no

 

 

(Malcolm Mercader Ergástulas)

 

Las horas están unidas

por el vértice, como cualquier

cadena de significantes.


Una vacía, tiene el mismo

valor que su cosecante henchida:

ambas son una unidad.


Todo lo pensable es posible,

no hace falta conocer al autor

de una frase para reproducirla:


Somos sensibles a la luz,

a la vacilación del tiempo

y a los ciclos que concurren

en la composición de la materia

orgánica y su descomposición.


Las horas no necesitan que pase

nada para unirse al pasar, y

encadenarse:


Suelen limitar unas con otras

reproduciendo la ilusión

del movimiento secuenciado

y eterno.


Ahora estamos. Podemos registrar,

verificar nuestra participación en

el discurso del tiempo, decir ahora

es asirse a algo que ya fue:


Siempre es ahora,

preguntaba un poeta en un poema

que siempre olvido.


Las horas, en cambio, son ajenas

a nuestras formas de consumo, no

se alteran, no mueren, no pueden:

Habrá otras que no compartiremos.


Un día es una cantidad de horas:

En una misma hora podemos ganar

masa muscular, perder masa neuronal

o viceversa, incorporar neurotoxinas

y producir oxitocina.


Todo lo posible es también pensable,

sin necesidad de llevarlo a la práctica.


Acciones y pasiones, aspiraciones,

sueños e interpretaciones, más todo

lo pensable y agregable, tributa

a funciones encadenadas,


como las horas que no pasan ni dejan

de pasar mientras hacemos tiempo,

o estamos pendientes de la transmisión

de una cadena de conectores neuronales.


Oíd el ruido.

 

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