viernes, 7 de agosto de 2026

El gusano empetrolado y la salvación del alma

 

 

(René Gociarte) 

 

El gusano empetrolado

se ufanaba de haber sobrevivido

a todas las crisis históricas

a lo largo de su vida de gusano.


Lucía una sonrisa de oreja a oreja

y derramaba empatía, junto a la

contaminación natural que une

a humanos y gusanos, recordando

su pasado:


Yo era un gusano de pura sangre,

sanguíneo por naturaleza, andaba

a puro impulso, satisfecho con mi

tracción a sangre.


Pero una vez caí, en un dscuido

y fui sorprendido en mi buena fe:

No sé cómo fue, qué me pasó,

pero ese día aflojé:


Recibí un tajo profundo, vacilé

y quedé mal parado. Perdí un tracto

y un buen segmento de mi vida

se fue con él.


Pensé que era el fin, que todo estaba

perdido para siempre, pero después

me recompuse: La pérdida no había

interesado ningún órgano sensible

ni vital, y lo demás se reproduce.


Sin embargo, no volví a ser el mismo:

Sangraba por la herida y no quería

verme así, con la sangre en el ojo.


No quiero ser un gusano resentido,

sin fe, tomar el camino de la violencia

y terminar como un gusano disolvente,

sedicioso y asocial, me dije.


Así fue que me olvidé de la sangre

derramada y me volqué al petróleo,

otro recurso natural que además

me sirve para ocultar cicatrices.

 

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