(Eleuterio York)
Cabizbajo,
el hongo ya no elonga.
Cabizbajo y perplejo,
el hongo no elonga
ni luce la vitalidad de otrora.
Parece otro,
vencido por la edad, más solo
de lo que supo estar, erguido
apenas por costumbre, ahí está:
Perplejo y cabizbajo,
como si le costara mantener
esa erección penosa.
Apenas si hace sombra,
acaso resignado a su soledad
indeclinable, ya no elonga.
No es ni la sombra de aquel hongo
que conocí.
Parece otro. Yo lo acompaño
y lo aconsejo mientras elongo,
pero no da señales, no me oye:
Nadie escucha los consejos
de los viejos.
Yo le repito hay que elongar
y mantenerse activo reproduciendo
las condiciones de los movimientos
conocidos.
No hay que abandonarse: (no quiero
que se sienta un hongo abandonado)
El que se abandona pierde, sea hongo
o ángel, demonio o alimaña.
No hay comentarios:
Publicar un comentario