(Serafín Cuesta)
El agrimensor estaba adelantado,
según se pudo establecer
en la repetición.
Por muy poco, menos de un pie,
algo imperceptible.
Tal vez, ni él mismo supera
de su posición dudosa:
A menudo, no somos conscientes
de nuestras faltas al momento
de cometerlas, y a veces, después
tampoco.
Es normal volver a cometer una
misma falta por falta de conciencia:
La repetición inconsciente, puede
hacernos caer en la falta reiterada.
Nadie es del todo consciente de todos
los mecanismos inconscientes que viene
repitiendo desde sus primeros pasos,
o antes.
Es normal acumular faltas
en el tiempo, mientras avanzamos
y vamos cobrando conciencia de
la repetición.
Hay atenuantes y justificativos
para estar adelantado en algún
momento, que podrían evitar, morigerar
o minimizar la sanción.
Pero el agrimensor no tiene excusas:
Es alguien instruído en la legitimidad
de la medida, alguien que conoce y vive
de lo que mide.
No puede alegar falta de conciencia.
Pudo haber pasado inadvertido para
todos, incluso para la autoridad,
pero la repetición lo condenó.
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