(Asensio Escalante)
El faro abandonado
yacía en pie, a pesar de los años,
como testimonio de otros tiempos.
El hombre asignado a ocuparlo
y ocuparse de él, no fue reemplazado
después de jubilarse, poco antes
de morir como todo el mundo:
Habían dejado de ser útiles
ese puesto, ese faro, ese hombre:
Un gasto ocioso para iluminar
quien sabe a quien.
Las naves modernas poseen
instrumentos sofisticados para guiarse.
La tecnología hace imposible
perder el rumbo o extraviarse.
Después de abandonarlo, el país
fue invadido y ocupado. Hoy es otro,
y el faro abandonado y olvidado
sigue allí, viendo pasar la oscuridad.
Sin embargo, el gato que solía visitar
al guardafaros, sobrevivió y lo sigue
visitando: Los gatos saben como entrar
a donde quieren.
Dicen que los gatos se aquerencian
con lugares, más que con personas:
No es verdad, un gato no abandona
a nadie, sin motivo. El faro no está
del todo abandonado.
Sólo se abandonan los poemas.
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