viernes, 7 de noviembre de 2025

Vertebrados útiles

 

 

(Serafín Cuesta)

 

Entre los eucariotas

los vertebrados son los más útiles.


Dentro de este grupo se destacan

los mamíferos, bastante diversos

y con un rango de utilidad amplio


(aunque sólo nosotros percibimos

toda la utilidad que contiene esa

expresión: diversidad)


No sólo los mamíferos gozamos

de utilidad: Peces, aves, anfibios,

también la poseen; hasta la humilde

lombriz y algún insecto comestible.


Pero no la gozan, porque no saben:

Hay propiedades que no se gozan

sin el conocimiento. No les sirve

de mucho poseerlas.


Nosotros disponemos de todos ellos

y los aprovechamos según su utilidad.

Costó bastante vertebrar esta noción

y elaborar este concepto:


Sin duda, una conquista capital

para el aprovechamiento de nuestros

recursos naturales y el desarrollo.


Sin ello, seríamos animales.

 

¿Cuántos cómplices necesita el mundo?

 

(Amílcar Ámbanos)

 

La situación de los cómplices

se complicó, a la luz

de las nuevas pruebas producidas

por la acusación.


La defensa, ahora trabaja en la

producción de argumentos

que sirvan como atenuantes para

una pena que se estima segura.


Los costos de producción varían,

lo único seguro es la pena.


Hay que procurar no ser cómplice

en lo posible, aunque es difícil

y puede resultar penoso.

 

martes, 4 de noviembre de 2025

Parte de retreta

 

(Carlos Inquilino) 

 

A esta hora, todo el mundo

está en su casa.


O casi todo:  Hay partes del

mundo donde a esta hora es

otra. Así funciona el mundo.


Se cerró una ventana, una

persona baja su persiana:


En otra parte del mundo,

ocurre lo mismo pero en

sentido inverso.


Somos tributarios a los usos

horarios, así funcionamos.


En consonancia, disponemos

nuestro tiempo, invirtiéndolo

en actividades establecidas o

en el estado de reposo, con un

sentido propio.


Todos los sentidos, propios o

apropiados, tributan a la inversión.

¿Dependemos de la inversión?


Depende cómo se lea, la lectura

es inversión, igual que la escritura.


Somos el único animal que invierte.

Gozamos de las propiedades de la

inversión, y de una perspectiva de

futuro más o menos proporcional.


A esta hora todo el mundo está en

su casa: el mundo es esa casa común,

abierta.


Se entra y se sale de su sueño

hasta arribar a la noche definitiva,

que puede encontrarnos en cualquier

parte de la casa, o en otra.


A esta hora, todo el mundo está en

su casa, salvo los que no volvieron

y quienes no tienen casa.


¿Es correcto?

 

lunes, 3 de noviembre de 2025

Cómo reconocer la sangre

 

 (Nicasio Uranio)

 

Nunca digas: de esta sangre

no he de beber.


Cuando llegue el momento

te será indigesta. La podrás

incorporar como a otras,


pero sin obtener sus beneficios

ni disfrutar de sus propiedades,

más que en forma parcial.


No te conviertas en objetor

de conciencia, y mucho menos

de la propia.


No agregues más conflictos de

los que ya existen en condiciones

naturales en la vida del mortal.


No te hagas malasangre sin necesidad.

Evita todo malestar injustificado.


La sangre goza de muchas propiedades

y hay distintas opciones de consumo

para aprovecharlas en forma ventajosa.


La sangre no difiere mucho entre dadores,

receptores y terceros, y es también un

recurso renovable.


No niegues ninguna de sus propiedades.

Nunca digas nunca: Las manchas de sangre

no destiñen y son anteriores a la experiencia

de nuestro consumo histórico.


La propiedad es tan natural como la sangre.

No podemos negar ese lazo:

No niegues la propiedad.

 

domingo, 2 de noviembre de 2025

Comunión y éxtasis

 

 

(Aparicio Custom)

 

Nunca digas de esta carne

no he de comer, son todas

comestibles.


Dijo Dios a un subordinado

que más tarde sería santificado

como Dios manda.


En la noche de San Juan

todos comparten su carne,

cantaba un descendiente (otro

hijo de Dios no reconocido)


La carne nos une, nos reúne

en un asado, una carnicería, un

lupanar o un cementerio, 

 

así como en aquellos carnavales

que no podemos recordar. 


Todos los instintos e impulsos

dudosos, propios de la carne,

deben ser canalizados de un modo

aceptable y sustentable.


Encarnar y desencarnar, son hechos

naturales y banales como el goce de

la carne.


Sublimar, en cambio, es una propiedad

exclusiva de naturalezas superiores. Por

eso existe el arte, el deporte y los juegos

de ingenio.


Sólo nuestras carnes son capaces de gozar

leyendo un texto de alta calidad, o incluso

un poema como éste:


La mayoría de nuestros goces son dudosos,

además de banales e inútiles.


Podemos saborear toda clase de carnes

crudas o cocidas (lo último es más seguro)

aunque sólo una, la divina, nos asegura

vida eterna.

 

sábado, 1 de noviembre de 2025

Letras comestibles, un hábito peligroso

 

 

(Alí Carnazo)

 

Se comía las eses al hablar,

incluso al masticar.


A veces no se las comía

pero las pronunciaba como

jotas:


Las jotas no se las comía,

es más difícil.


Entre nosotros es bastante

común comerse eses, dicen

que se debe a la inmigración

descontrolada de italianos:


Una lengua que no usa la ese

para el plural, sino la i.

Es natural que eso se traduzca

en nuestra forma de hablar:


La identidad propia de una sociedad

es fruto de todos los aportes

que supo recibir, expresados en su

lengua:


Todo lo que se incorpora tiene un

costo.


Si no fuera así, hablaríamos igual que

los españoles o los uruguayos, y nadie

nos reconocería en el extranjero.


Por eso aceptamos estas faltas. Nadie

le decía nada cuando se comía una ese

u otra. Estamos habituados y nuestra

conciencia repara automáticamente la

falta al percibirla en el discurso del otro:


No deseamos incorporar faltas.


Pero el hábito de comerse las eses

lo fue ganando, tomándole la palabra:

No sólo se las comía al hablar, sino

también al escribir, algo no tan aceptable.


Podemos decir cualquier cosa, pero otra

cosa es escribirlo: Al lector siempre hay que

respetarlo, aún cuando nos resulte dudoso.


Esa falta, menor en un principio, se fue

pronunciando y al expandirse lo iba

aislando del mundo.


Primero incorporó la incomprensión como

algo natural, pero después empezó a sentirse

solo, cada vez más solo y ya no sabía qué

pensar.


Para peor, la falta había crecido sin control.

Comprobó que ahora pensaba sin ese,

y penaba por eso, penaba como quien

no tiene qué comer:


Como ese

Como ese



 

Los signos del amor

 

(Elpidio Lamela)

 

Amaba esa pregunta,

por eso la repetía

más que otras.


No desperdiciaba ocasión

para reformularla: 

Podían cambiar los matices, 

como las circunstancias,


pero en el fondo era la misma

pregunta que se adaptaba

a su reproducción:


La adaptación es un recurso de

la repetición, cuando no es lo

mismo.


II

Amaba esa pregunta más que

a otras, aunque estuviera repetida.


El amor no existe sin el abono

de la repetición. Después, uno

se adapta a números y fórmulas.


Amaba esa pregunta

como sólo se ama una pregunta

verdadera, aunque no sea original.


Si la podía repetir, era por eso,

porque la amaba de verdad.


¿Amaba esa pregunta?

 

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