(Carlos Inquilino)
A esta hora, todo el mundo
está en su casa.
O casi todo: Hay partes del
mundo donde a esta hora es
otra. Así funciona el mundo.
Se cerró una ventana, una
persona baja su persiana:
En otra parte del mundo,
ocurre lo mismo pero en
sentido inverso.
Somos tributarios a los usos
horarios, así funcionamos.
En consonancia, disponemos
nuestro tiempo, invirtiéndolo
en actividades establecidas o
en el estado de reposo, con un
sentido propio.
Todos los sentidos, propios o
apropiados, tributan a la inversión.
¿Dependemos de la inversión?
Depende cómo se lea, la lectura
es inversión, igual que la escritura.
Somos el único animal que invierte.
Gozamos de las propiedades de la
inversión, y de una perspectiva de
futuro más o menos proporcional.
A esta hora todo el mundo está en
su casa: el mundo es esa casa común,
abierta.
Se entra y se sale de su sueño
hasta arribar a la noche definitiva,
que puede encontrarnos en cualquier
parte de la casa, o en otra.
A esta hora, todo el mundo está en
su casa, salvo los que no volvieron
y quienes no tienen casa.
¿Es correcto?
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