(Alí Carnazo)
El ojo circunfijo de la almeja
no gira sobre su eje con valor
y subordinación.
No se sacia con la sed del prójimo
o el sufijo circunvecino.
La almeja y el almejo, circunflejos
atraviesan el espejo sin invertir
su signo genérico.
Pensalo como quieras, éste no es
un poema confesional y se presta
a la libre interpretación, tanto
como a las otras.
Un caracol doméstico, puede gozar
como macho, o hembra según la
ocasión y el signo dominante del
deseo ocasional.
Todos los deseos son ocasionales,
como el goce en sus distintos signos:
La baba que queda del amor,
es siempre la misma.
Cuerpos blandos, semilíquidos,
no necesitan un alma muy voluminosa
para la práctica amorosa o pecaminosa:
Gozan deslizándose, sea como macho,
hembra, o como ser de baba o de luz
(en el caso de las babas luminosas)
No se miden al gozar,
no hay vara que las babas mida.
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