(Amílcar Ámbanos)
La disposición rítmica
no es ajena a la herencia
genética y sus condicionantes
naturales.
Hay ritmos parasitarios, como
los hay oportunistas, y otros
que nos resultan completamente
ajenos:
Es difícil vincularse a algo
que nos es ajeno, aunque eso
depende, en última instancia,
de la capacidad de apropiación:
No es algo que pueda adquirirse
a través de la práctica metódica
(aunque muchos lo intentan)
sino que remite a la carga genética
recibida por herencia.
Por lo común, los mayores valores
y capacidades tienen esa procedencia.
El ritmo, es un componente natural
de toda actividad humana vinculada
al movimiento, pero no siempre nos
movemos en el sentido correcto.
Mantener un ritmo es trabajoso
aunque parezca lo contrario, ya que
algunos se reproducen en forma
automática:
Ésto luce como una ventaja; basta con
entregarse y abandonarse al ritmo.
Pero nunca es bueno someterse a algo
que se reproduce automáticamente.
Hay ritmos subalternos, secundarios
y supernumerarios que se confunden
con los necesarios, o básicos. Así como
los unicelulares, que se cuelan en los
espacios intersticiales de otros y medran
con la confusión.
Quienes auspician la confusión de los sentidos
y son dados a gozar de todo lo que se presta
a confusión, celebran estas formas parasitarias
y colonizadoras, a las que describen como ritmos
complejos o compuestos y hasta llegan a hablar
del desarrollo de la inversión rítmica:
Se trata de otro despropósito, sabemos bien
que cuando alguien habla de inversión y
desarrollo, siempre conviene sospechar.
Es difícil salir de la confusión cuando está
muy desarrollada, tanto como entrar a tiempo
en un ritmo seguro y sostenerse en el centro,
como sujeto emisor en plenitud de sus facultades.
No es fácil establecer con precisión
las pautas adecuadas para verificar
si estamos en posesión del ritmo correcto,
sea propio o ajeno, obtenido por apropiación.
Yo mantengo dudas con el mío, no sé si es
el correcto, o el que hubiera deseado
pero lo voy llevando.
Tampoco hay que pretender elegir todo.
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