(Hildebrando Sśbilo)
Toda inversión es sospechosa,
según un librepensador olvidado.
Los librepensadores son cosas
del pasado. Confundir la especulación
filosófica con la función poética fue,
quizás, su mayor pecado, y le ganó
el olvido.
Hay muchas formas de ganarse el
olvido: Lo suyo resultaba sospechoso
a los filósofos, tanto como a los poetas.
Pero él insistía con sus frases sesgadas,
intencionadas y hostiles al sentido común,
profundizando la confusión creada:
No hay inversión sin víctimas, disparaba:
Es como la producción, pero peor. Repetía
a quien quisiera oírlo. No importa, no eran
muchos.
De todas las formas de la repetición,
la inversión es la más gravosa: ella
justifica cualquier cosa.
¿Qué es la inversión? Una noción nociva,
a tal punto que una manada de imbéciles
anda repitiendo que dependemos de las
inversiones.
Este tipo de enunciados, brotados de la
especulación teórica, no sólo producen rechazo
entre filósofos y poetas reconocidos, sino que
tampoco atrae al lector promedio, que si invierte
su tiempo en la lectura, no es para que se lo haga
pensar más de lo necesario, sino para obtener
alguna satisfacción razonable en relación al tiempo
invertido.
Toda inversión es una búsqueda de respuesta,
un resultado que la justifique. Nadie invierte
para cosechar preguntas o incrementar su
patrimonio de dudas naturales o adquiridas.
La filosofía no es para todos, ni la ciencia,
ni la poesía. Mucho menos popular es el
pensamiento crítico, de difícil acceso, aunque
abreve en el pesimismo científico.
Ese discurso de signo negativo, no podía
merecer otro destino que el olvido, salvo que
fuera un poeta maldito, esos personajes oscuros
que florecieron hace más de un siglo y hoy son
un anacronismo.
Pero no, él no se consideraba poeta ni filósofo.
Confundir la función poética con la especulación
filosófica fue, quizás, su mayor pecado.
Otra cosa hubiera sido entreverarse en la función
filosófica, como parte de la experiencia de la
especulación poética.
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