(Serafín Cuesta)
Ensoberbece a quien la bese.
Ella lo sabe, y administra su don,
su arte y su belleza.
No es fácil llegar, con ella al beso:
No tiene el beso fácil como esas
que besan al pasar y van de boca
en boca, por vocación ocasional
o por curiosidad, saboreando besos
vanos, vacuos, sosos y frugales
y siguen sin saber besar.
No es besando como se aprende
a besar. Ella lo sabe, y no besa
por besar; es selectiva: sabe lo
que su beso significa y sólo besa
a quien la merece.
No besa por besar, valora su saber
o arte, que atesora como un don
cuya emisión reserva para algunos:
esos pocos, muy pocos elegidos
ya avezados ensoberbecidos.
Ella sabe a quien besar, nunca lo hace
con torpes y soberbios.
No es fácil obtener ninguno de esos besos.
No son moco de pavo ni excremento de ave.
Quien los probó lo sabe.
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