(Serafín Cuesta)
Semejantes eran los de antes.
Alguien tenía que decirlo.
Yo ya no me reconozco
en éstos que se dicen prójimos
y deambulan con sentidos
que me son ajenos.
No sé si fui un buen prójimo,
pero creo haberme aproximado
un poco a algo.
Ahora no veo nada semejante,
no encuentro nada que se pueda
reconocer como propio, al menos
para compartir una visión, un
pensamiento semejante.
No soy yo, que no soy nadie, ni
aspiro a ser reconocido como prójimo.
Pero veo que entre mis semejantes
nadie cree ni confía en el prójimo:
Por algo será, es para sospechar.
Semejantes semejantes,
esos eran los de antes.
Alguien tenía que decirlo,
aunque signifique pagar un precio
y no haya ningún otro semejante
que se atreva:
Yo ya estoy acostumbrado a pagar,
siempre pago al contado rabioso
y estoy curtido.
Los que me conocen saben
que no miento, nunca miento
ni pienso hacerlo, aunque me quede
sin otro semejante.
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