jueves, 18 de diciembre de 2025

Filosofía y ciencias duras

 

 

(William Arsenio Pereyra)

 

Era un hombre duro,

pero sus heces blandas

presumían contradicción.


Nadie tenía por qué saberlo,

hay cosas que pertenecen al

ámbito privado:


esa intimidad inapropiable

del sujeto, blando o duro.


Pero ser un recio tiene su precio:


Si bien su consistencia dura duraba,

manteniéndose en el tiempo

ante los ojos de sus semejantes,

duros o blandos, sin verse afectada

por la contextura de sus deposiciones.


Pero en algunas madrugadas,

en la soledad de su cuarto de soltero,

algo lo hacía tambalear, y ahí aflojaba

como un esfínter fuera de control.


Saberse un hombre duro, reconocido

como tal, pero con esas heces blandas,

lo sumían en un sentimiento ambiguo,

una contradicción indoblegable.


No soy lo que hago, se repetía.

Nadie es lo que hace y me cago

en la filosofía:


Se repetía contemplando sus heces

blandas y maleables como el mal.

 

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