(Eleuterio York)
El conocimiento tiene un costo,
señora. Tanto producirlo como
propagarlo:
Alguien lo tiene que pagar.
Por ese motivo, algunos no se
propagan.
No es necesario que todos
conzcamos todo, ni sepamos
todo lo que se produce:
Hay conocimientos de aplicación
restringida a sectores muy específicos
de la producción, y otros que sólo
aplican como recursos para producir
otros conocimientos.
La producción no puede detenerse:
Hacerlo significaría detener nuestra
evolución, un costo que nadie quiere
pagar.
Con el tiempo, se especula, todo el
conocimiento llegará a todos por
derrame, traduciéndose en beneficios
comunes en la vida cotidiana de la
sociedad, así como en la reducción
del costo de la vida.
Pero el conocimiento tiene un costo
de producción y otro de propagación.
Ambos se trasladan a los contribuyentes
en forma distributiva.
La aplicación de la propiedad distributiva
puede resultar opinable: No es necesario
conocer demasiado para pagar, ni para
entender que alguien tiene que pagarlo.
Luego, algunos pagarán sin recibir ningún
beneficio, pero es sólo una percepción
temporal, hasta que se complete el derrame:
Hay cosas que el conocimiento disponible
todavía no resuelve, señora.
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