(Antenor Sideman)
El mundo está atestado de testigos,
involuntarios o no.
Está a la vista: No siempre elegimos
lo que vemos, aunque hay quien
prefiere hacer la vista gorda.
Nadie quiere comprometerse porque
sí, sin ningún beneficio.
El mundo está atiborrado de denuncias
que quedan en la nada, -no prosperan
por falta de interés en profundizarlas-
y de falsos testimonios que no llegan
a probarse.
La diferencia entre cómplice y testigo,
es tan sutil como irrisoria. En ese sentido
todos somos un poco cómplices.
Pero al mundo no le interesan las sutilezas
y el sentido común dice que no se puede
condenar ni juzgar a todo el mundo:
No alcanzarían los jueces, las cárceles,
las fuerzas de seguridad y el personal
subalterno, ni sus cómplices.
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