(Serafín Cuesta)
Intrépido al pedir
antes que ávido al denodar.
No trepidaba en ofrecer
una mejilla opuesta,
como la almeja al mejillón
que no la reconoce.
La violencia no espera órdenes,
- tiene más caras que mejillas -
ni es partera que se sepa.
Sólo precipita y produce utilidad
para sus hijos, que la explican e
interpretan.
Todos somos descendientes,
reconocidos o no: Hay tiempo
para reconocerse.
Justos y pecadores, justificamos
por igual: El mundo crece con
las interpretaciones sucesivas,
y sabemos que fue hecho para ser
interpretado. Algunas interpretaciones
justifican la violencia, otras no tanto.
Se producen tantas interpretaciones
como hechos de violencia: un número
abultado.
Nunca volveré a enumerarme,
decidió un hijo natural
antes de ser sacrificado.
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