(Eleuterio York)
Como sapo empozado
en rodeo ajeno, merodeaba
el rabillo del reptil remotamente
inmóvil como rama de hinojo
derramada en vano.
Como caballo regalado o chancho
sagrado que no llega al pesebre
del santo de la espada por demoras
no deseadas que suceden:
Como espadaña ausente
en tu oración compuesta
que te acompaña en el sentimiento
aunque te de la espalda confundiéndote
con polvo.
El polvo se presta a confusión
más de una vez por su estructura lisa
y las propiedades que saltan a la vista
como un saltamontes.
Los saltamontes son criaturas primordiales
para el sapo y su grupo familiar, como víveres
o acompañantes terapéuticos entre estación
y estación.
Como moco de pavo no reconocido
por su autor intelectual, o abono de líder
en redil impropio por no repetir ajeno.
Ajeno a todo, como sapo que se reconoce
pero no se identifica. Como sapo no deseado
por sus hijos que en un respingo idéntico
da un zarpazo y abandona el nido, dispuesto
a todo, ante la presencia de merodeadores
sospechosos.
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