(Alí Carnazzo)
El ojo avieso del ave
no pierde pisada a su presa.
Avezada en estos trámites,
sólo espera la ocasión.
El ojo negocioso
sigue el movimiento objetivo
de quien no sabe, ni conoce
todavía su condición de víctima.
Desde lo alto, el predador
saborea su futuro negocio,
sin perder detalle.
En el momento oportuno
desplegará su arte u oficio
con precisión quirúrgica.
Por ahora sobrevuela en calma,
como ajeno, por encima de todo,
planeando ese futuro próximo
que contiene el de otro:
Un ejercicio natural entre nosotros.
Allá, en las alturas, el ave observa
cada movimiento del mundo bajo,
como un dios que se dispone.
No hay comentarios:
Publicar un comentario