(Rosendo Cárcamo)
Siga a esa bala.
Él obedeció, sabía que no hay
que contradecir a las personas
fuera de sus cabales:
-Lo intentaremos.
-No, no tiene que intentarlo,
tiene que hacerlo; para eso
le pago.
-Sí, allá vamos…
Poco después:
Oiga, creo que nos estamos
alejando, ya no veo a la bala.
-No se preocupe, no es lo que
parece, estamos cortando camino:
Cuando ella llegue a destino, ahí
la estaremos esperando. Quédese
tranquilo.
Y dicho y hecho.
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