(Abel A. Borda)
Hay un canto matutino
y otro vespertino.
Son diferenciables, salvo
para aquellos que no saben
diferenciar: todo les da lo
mismo.
Los mismos pájaros
tienen un canto para empezar
y otro para terminar el día:
Reconocen la diferencia entre
lo que empieza y lo que termina.
Nosotros, seres superiores, nunca
terminamos de repetir la misma
cantinela o cantilena, sin ninguna
variación.
Sería bueno que aprendiéramos
de ellos y dejáramos de repetir
el mismo canto, al menos hasta
el otro día.
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