(Periferio Gómara)
Los límites oblongos y etéreos
de la música, expresan movimientos
ascendentes o descendentes del alma:
Impulsiones que trascienden, a veces,
la propia conciencia del conocimiento.
Hay un cociente elevado de músicas
inocuas, sin profundidad ni altura,
y otro mayor que es inoculado por
los medios de comunicación:
La degradación en curso, incluída en el
llamado desarrollo, se sirve de la música
como recurso, para captar la atneción
del receptor indefenso con propósitos
más o menos deleznables.
La palabra recurso goza de alta valoración
en todos los ámbitos de la comunicación,
tanto por los emprendimientos publicitarios
como por los formadores de opinión:
Esa palabra mágica puede justificarlo todo,
acaso sea el mejor ejemplo de la utilización
del lenguaje como recurso.
Viene de la economía, disciplina dudosa
que le debe casi todo a esa palabra, sin la cual
no existiría.
Hay músicas y músicas: Hay que distinguir.
Alguna vez hubo una música culta y otra
popular. Ambas tenían su público y eran
ejecutadas por músicos.
Luego, todo fue absorbido por el mercado
y los músicos ya no son necesarios: Hay
máquinas que lo hacen y convocan multitudes.
Cada vez hay más música y tipos de música
disponibles para el consumo, lo que no significa
evolución.
La música es una emisión distinta de todas:
Producida por organismos altamente organizados
como producto de miles de años de evolución
Un producto que sirve para vender productos,
aunque es, también, el lenguaje del alma.
Sí, todos los lenguajes sirven como recursos,
empezando por éste. ¿Hay límites?
¿A quién se dirige o hacia dónde va
el alma cuando canta?
Todos somos dadores y receptores:
Necesitamos dar y recibir, en distinta proporción
según la ocasión.
Si no fuera así, la vida no sería negocio
y no emitiríamos nada más que desechos.
Las emisiones humanas, o tienen fines
comerciales, o sospechosos.
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