(Rosendo Cárcamo)
Era una oportunidad única:
Había salido a remate
una sopapa papal.
¿Quién no quisiera hacer suyo
ese objeto que había estado en
manos del mismísimo representante
de Dios en la tierra?
Tenía algún uso, pero sólo había
sido manipulada por dos generaciones
pontificias, el último, creo, Juan XXIII.
Bueno, esos papados fueron prolongados,
pero tampoco habrán hecho un uso
abusivo: Un papa no se pasa todo el día
sopapaeando, tiene otras actividades,
y una agenda bastante cargada.
Se la veía entera, estaba en perfecto estado
la sopapa y además, de yapa, había sido
bendecida por Su Santidad.
Podría haber sido mía y estar aquí, ahora,
compartiendo mis horas de sosiego y las
otras, pero no…
En el momento oportuno vacilé, y mientras
pensaba en mejorar la última oferta, alguien
se me adelantó y bajaron el martillo.
A veces, es mejor no pensar y decidirse.
El que piensa pierde, pensé para mi.
Era para sopapearme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario