sábado, 18 de octubre de 2025

La presencia de Dios en el poema

 

 

(Asensio Escalante)

 

En todos los buenos poemas

está Dios agazapado, oculto

o perfectamente enmascarado

(todo en Él es perfecto) 


Aunque cueste encontrarlo, más

tarde o más temprano percibimos

su presencia.


Puede ocultarse bajo la forma

de un animal anómalo y ajeno

que vuela hacia la luz, aunque

no tenga alas.


O en la función de un verbo

extemporáneo que hace

que el poema se piense a través

de Él, aunque no esté más que ahí:


En ese verbo que lo habita

impulsándonos a detener la lectura

pensando en un anacronismo:


¿Por qué pasa lo que pasa

en el poema, que hasta ahí cumplía

lo que puede esperarse de un poema

que funciona y ahora vacila?


Dios es la respuesta: Él es anacrónico,

estaba antes y estará después de todos

los poemas, leídos o en espera.


Y si está ahora aquí, es para 

que pensemos en Él.


Si quisiera, podría estar en todos

o en ninguno a la vez. Pero no lo hace:


Si lo hiciera, no habría cómo diferenciar

a los buenos poemas, de modo que no

habría ninguno: Todos serían igualmente

dudosos.


Él detesta todo lo dudoso, por eso elije

los buenos poemas para presentarse

aunque no lo veamos. Es para pensarlo:

Sólo los buenos poemas nos hacen pensar.


Dios lo sabe y quiere que pensemos, por

eso hace que su presencia pase desapercibida.

De lo contrario pensaríamos en Él, más que

en el poema, como cualquier cordero.


Bien sabe que cuando pensamos en Él

no podemos pensar en otra cosa, lo que nos

impediría valorar un buen poema

tanto como a los otros. 



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Licencia Creative Commons
http/:Demolicionyobranueva.blogspot.com por José Luis Greco se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en Demolicionyobranueva.blogspot.com.
Permisos que vayan más allá de lo cubierto por esta licencia pueden encontrarse en Demolicionyobranueva.blogspot.com.