(Serafín Cuesta)
El buey se lame
ante el ojo del Lama.
Se lame con autoridad,
sin necesidad de estar
solo.
En realidad,
no sabe estar solo, el buey,
aunque se lama.
Tampoco sabe que el Lama
es lama, aunque se lama y
se relama como bien sabe
desde la primera vez.
Siempre hay una primera vez,
después se perfecciona mediante
la repetición y desarrolla en hábito.
El Lama también conoce el hábito,
como vos, tus superiores y el buey
que se relame ante el ojo del Lama.
El buey no sabe qué es, para qué
sirve un lama, pero sabe lamerse
con autoridad ante la mirada
de su amo lama:
Ese Lama que lo mira como
si lo amara (tal vez lo amase,
nadie sabe qué es el amor)
¿El ojo del Lama engorda esa
lamedura, lamamen o lamido?
El buey no lo sabe, como tampoco
sabe que el Lama es lama y cultiva
hábitos de lama.
Sabe, en cambio, que no está solo
y se relame con autoridad
ante el ojo de su amo lama
que lo lame con la mirada.
El buey se relame, como buen hijo
de buey, aunque no sepa mucho
de su amo, el Lama, ni de su padre.
Así es como el prefijo se repite.
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