jueves, 2 de octubre de 2025

El buey sagrado

 

 

(Serafín Cuesta)

 

El buey se lame

ante el ojo del Lama.


Se lame con autoridad,

sin necesidad de estar

solo.


En realidad,

no sabe estar solo, el buey,

aunque se lama.


Tampoco sabe que el Lama

es lama, aunque se lama y

se relama como bien sabe

desde la primera vez.


Siempre hay una primera vez,

después se perfecciona mediante

la repetición y desarrolla en hábito.


El Lama también conoce el hábito,

como vos, tus superiores y el buey

que se relame ante el ojo del Lama.


El buey no sabe qué es, para qué

sirve un lama, pero sabe lamerse

con autoridad ante la mirada

de su amo lama:


Ese Lama que lo mira como

si lo amara (tal vez lo amase,

nadie sabe qué es el amor)


¿El ojo del Lama engorda esa

lamedura, lamamen o lamido?


El buey no lo sabe, como tampoco

sabe que el Lama es lama y cultiva

hábitos de lama.


Sabe, en cambio, que no está solo

y se relame con autoridad

ante el ojo de su amo lama

que lo lame con la mirada.

 

El buey se relame, como buen hijo

de buey, aunque no sepa mucho

de su amo, el Lama, ni de su padre.

 

Así es como el prefijo se repite.

 

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